Borbones o Godoys
El otro día, de pasada, hice referencia bajo El caso de las aldeas a un personaje de la historia borbónica de España, Manuel Godoy. Hoy voy a dedicarle un artículo pues se ganó el derecho a ocupar un puesto en la historia del país de la pandereta.
La providencia vino a obsequiar a España con uno de los monarcas más tontos e ilusos, pues inútiles los han sido casi todos, pero ser tonto ha sido y es un privilegio reservado a unos pocos.
Era tal la candidez de Carlos IV (1748-1819) que un día le dijo a su padre (Carlos III) que los príncipes tenían la suerte de no poder ser engañados por sus esposas y lo justificaba con “porque siendo ellas también princesas, no les será fácil encontrar príncipes o reyes con quienes pecar” y una respuesta acorde no se hizo esperar: “¡Qué tonto eres, hijo mío! ¡También las princesas pueden ser putas!” Poco sabía Carlos III cuan proféticas serían esas palabras.
Así pues nuestro tonto real vino a casarse con su prima hermana María Luisa de Parma, una mujer alta, tanto como ignorante y ninfómana.
El matrimonio siempre funcionó de las mil maravillas. Mientras el rey cazaba moscas, su esposa coleccionaba amantes y así fue haciéndolo hasta que conoció a un joven de ascendencia extremeña, nuestro insigne Manuel Godoy, por quien la reina pierde la cabeza y las bragas.
La carrera de Godoy fue meteórica. En 1.789 Carlos IV lo nombra cadete supernumerario y ese mismo año ya lo finaliza como coronel de caballería. En 1.791 es mariscal de campo y sin abandonar el año llega a teniente general y secretario de estado. En 1.793 ya es capitán general y al poco, jefe del gobierno. Así pues nuestro mozalbete, de 25 años, ocupa la más alta cota del poder.
Si se pregunta cómo se puede ascender tan rápido y cuáles fueron los méritos, le contestaré que todo residió en el arte de la equitación que practicó en el lecho regio con la mujer del tonto.
En ese período histórico, reina en España la Santísima Trinidad: el tonto, su mujer y Manuel Godoy. De nada sirvieron las pancartas que colgaba el pueblo, como una que lució en la Puerta del Sol que decía: “Ni rey chocho ni reina liviana”.
Una vez le preguntaron a la esposa del embajador británico, Lady Holland, sobre su impresión acerca de la familia real, y la mujer muy diplomática ella, por partida doble, contestó que tenía muy buena impresión “salvo el indecente parecido de los infantes Francisco y María Luisa con el favorito”.
Échele una ojeada a la Familia de Carlos IV, un cuadro del que los monarcas estaban muy satisfechos. Goya no tuvo reparos en pintarlos como débiles, estúpidos y pretenciosos. Si quiere jugar un rato, busque parecidos entre el tonto (el rubio platino vestido de negro que se encuentra en el lado derecho) y sus supuestos descendientes.

Durante el reinado de Carlos IV también tienen lugar, unos hechos sin importancia, que por aburrimiento hago constar.
En 1.808 se produce el Motín de Aranjuez. La Santísima Trinidad huye a Bayona y piden ayuda a Napoleón. Éste se queda con la corona y la cede a su hermano José.
La Santísima Trinidad desplaza su residencia a Roma. A esta expedición se apunta la esposa de Manuel Godoy. De esta guisa el terceto se convierte en cuarteto y, para mayor estrambote, comparten casa.
María Luisa de Parma, esposa del tonto, había revelado a su confesor, fray Juan de Almaraz:
“Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía de Borbón se ha extinguido en España”
Vale.
Publicado por aarnau a las 13:24 del 24 Septiembre 2005 en Arte, Borbones, Curiosidades, Historia
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No recuerdo nada de historia….
pero…
viendo a Doña E.. no me puedo creer que haya tenido ascendientes tontos…
imposible.
Mmmmm Javi, he recortado el nombre “porsiaca”.
En cualquier caso, y si hemos de hacer caso a María Luisa de Parma, hay que suponer que sí, Carlos IV fue el último Borbón, por lo tanto, si “ascendiéramos” no nos toparíamos con él (a Carlos IV me refiero).
pues eso te digo… Doña E. es el ejemplo viviente de que Maria Luisa de Parma miente.
Lo que cuenta de los hijos espúreos de la María Luisa, ya en aquellos tiempos, era vox populi. Claro que Godoy era una persona muy odiada por los grupos privilegiados y, especialmente, por el propio príncipe de Asturias, que hicieron todo lo posible por derribarle hasta que lo consiguieron.
La calumnia y los rumores interesados circularon abundantemente para crear un estado de opinión contrario a Godoy. Normal.
De la correspondencia privada que mantuvieron la reina y Godoy se deduce que su trato fue muy íntimo y se puede sospechar que el rey era consentidor.
En el cuadro de Goya hay un dato que atestigua lo que era un secreto a voces. La reina porta en el pelo una joya de oro con engastes de piedras preciosas con forma de flecha, que fue un regalo de Godoy. Goya reproduce exactamente la misma joya en el pelo de la infanta, a la derecha de Mª Luisa, aunque en la realidad únicamente existió una joya, la de la madre. Con esto Goya dió a entender, a través de la analogía, de donde provenían ambos regalos.
He de corregirle, fraternalmente,cuando dice que “La Santísima Trinidad huye a Bayona”, tras el motín de Aranjuez. Aquello no fue una huída. Carlos IV, tras los sucesos de Aranjuez, abdica en su hijo y a las 48 horas se ha arrepentido de su acto y le escribe una carta a Napoleón solicitándole ayuda para recuperar el trono. A partir de aquí, Napoleón, convertido en árbitro de la disputa por el trono entre el padre y el hijo, los atrae a Bayona con la excusa de solventar el problema y finalmente consigue de ambos las vergonzosas abdicaciones de Bayona.
Lo de la confesión de la reina a su confesor tiene poco crédito para mí.
Saludos
Gracias Andrómaca por los matices.
Fíjate que en tono jocoso dije “[...] tienen lugar, unos hechos sin importancia [...]” y en dos líneas le pego un repaso a unos hechos, en realidad muy importantes.
No profundicé en ellos pues el artículo era cuestionar una dinastía y esos hechos eran ajenos.
En cualquier caso estoy de acuerdo con tus matices así como cuestionar el hecho de que “todos” los hijos NO fuera de Carlos IV.
Creo recordar que a Godoy se le atribuyen varios pero no recuerdo el número.
[...] Harto de los rumores que corrían en palacio, Carlos IV decide darle unas lecciones a su hijo y fruto de esa instrucción, Fernando consuma el matrimonio. A partir de ese momento descubre que la trompa de elefante que tiene por apéndice, tiene un uso distinto al que él creía y se obsesiona en utilizarla, hasta tal punto que su mujer canjea deseo por hartazgo. [...]
Con respecto a la veracidad de la supuesta afirmación de María Luisa, creo que tomarla por cierta a pies juntillas es erróneo… Si fuera por falta de parecido en algún aspecto, bien podríamos decir que el aquí llamado “tonto” y caracterizado como infinitamente estúpido Carlos IV de ningún modo podría ser hijo de un rey hábil e inteligente como Carlos III. Lo mismo para Felipe III con respecto a su padre, y recordemos la frase que caracteriza al primogénito de Carlos I: “Dios, que me ha dado tan extensos reinos, me ha negado un hijo capaz de gobernarlos”.
En cuanto a la pintura de Goya, sin duda ha querido expresar su opinión sobre la familia real y vaya si lo ha hecho con claridad… las expresiones del rey, la reina y el príncipe heredero lo dicen todo.
Es evidente que el rey Juan Carlos es descendiente de Carlos IV, al que cada día se parece más. El hijo de la infanta Margarita y Carlos Zurita es igual que Carlos III de joven. Y, por último, la infanta Elena se parece mucho a Maria Luisa de Parma. Esta observación se la hicieron a la reina Sofía un día en el Museo del Prado, ante el retrato ecuestre de Maria Luisa de Parma de Goya. No pareció gustarle mucho la comparación.
Un saludo, Nana