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Calor canicular

4 comentarios

En los últimos años, la llegada del estío viene acompañada de un calor excesivo y sofocante para el habitual en nuestras latitudes.

Las últimas tendencias en tema de arquitectura urbana nos han dejado espacios abiertos, ya sea en forma de grandes avenidas, cuyos asfaltos absorben los rayos del sol, o plazas tan duras como diáfanas, que también captan la radiación solar en toda su plenitud.

Las sombras escasean por doquier.

El asunto se agrava cuando estos espacios abiertos, ya de por sí excesivamente cálidos, son sobrecalentados con estufas de nuevo cuño. Algunas van montadas encima de cuatro ruedas y otras mal llamadas “acondicionadores de aire” dedican la energía al calentamiento del aire exterior.

Las primeras utilizan el fluido atmosférico para la refrigeración de los motores de explosión, si bien en el intercambio de calor que se produce, el resultado es un calentamiento del aire utilizado durante la refrigeración y, por lo tanto, un sobrecalentamiento de ese aire ya de por sí caliente.

En el segundo caso sucede algo parecido. El acondicionador enfría los habitáculos correspondientes calentando, al mismo tiempo, el entorno exterior del habitáculo que se refrigera.

Así pues, si a la falta de sombras le añadimos las estufas urbanas, el resultado es un entorno inhabitable con un aire irrespirable. Cosas del modus vivendi moderno y del desarrollo.

A mayor calor, mayor necesidad de refrigeración y esta espiral acaba conduciendo irremediablemente a la abrasión, si el cambio climático no acaba desembocando en una nueva edad de hielo, que está por ver (principio de acción-reacción).

La desmemoria hace que hoy no tengamos resueltos los problemas que sí resolvieron nuestros ancestros medievales. Ellos optaron por una arquitectura urbana antagónica a la actual.

Uno sólo tiene que pasearse por el casco antiguo de su propia ciudad (si es suficientemente añeja) para comprobar que ese casco está formado por callejuelas estrechas en medio de altos inmuebles de anchas paredes (a grosor me refiero).

Así lo habían resuelto en el medioevo: sombras en las calles peatonales y aislamiento en las casas (gruesas paredes).

Espero con ansiedad el día en el que vuelva la racionalidad al urbanismo.

Vale.

Publicado por aarnau a las 12:03 del 30 Julio 2006 en Opinión
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4 comentarios

  1. A las 14:42 del 30 Julio 2006 Sxim escribió:

    No me había dado cuenta de lo que comentas en este post, pero es muy cierto lo que comentas. Aún así, ¿permitirían esas anchas paredes los edificios actuales? ¿Dónde cabría toda la gente de las grandes ciudades en esas callejuelas?

    ¿No será el calor, como consecuencia del hacinamiento urbano, un efecto secundario -o daño colateral, como gusta llamarlo ahora- del progreso?

  2. A las 10:29 del 31 Julio 2006 Yaku escribió:

    Hola Aarnau…

    Digamos que las ¨soluciones medievales¨ que mencionas son un efecto secundario de otras soluciones. A saber: muros mas anchos para soportar mas cargas (mas pisos) dada la inexistencia de elementos a flexion (y menos a flexo-compresion) y callejuelas estrechas, debido al confinado espacio de intramuros y la creciente poblacion propia del siglo XI en adelante.
    Igual vale plenamente como ejemplo, salvo para el tema de ventilacion e higiene.
    Si nos referimos a ejemplos del pasado, yo me iría a las ¨Stoas¨ griegas, luego galerias romanas. Estos elementos rodeaban edificios, cerraban sin amurallar plazas y cubrian muchas calles de la antiguedad (Creo que Palmira es un buen ejemplo de ello).
    Es decir, sombra plena, con elementos macizos, pero sin cerramientos, por donde pueda circular y enfriarse el aire.
    Creo que son estos los que faltan en las ciudades de hoy.

    Saludos

  3. A las 14:08 del 31 Julio 2006 Carquinyol escribió:

    Cuanta razón tienes aarnau !! Te puedo asegurar que les vendría bien consultar este post a los responsables de parques y jardines de mi ciudad (Badalona), donde cada vez proliferan más las anchas plazas cementadas con cuatro árboles mal contados… auténticas parrillas donde, sin duda, podríamos hacer apetitosas barbacoas en el suelo a día de hoy.

  4. A las 0:17 del 1 Agosto 2006 aarnau escribió:

    Yaku tiene razón ¡Cómo no! Es un experto en la materia :D

    Los problemas de higiene, o de falta de ella, eran importantes en el medioevo pero no creo que tuvieran sus orígenes en lo estrechas que fueran las callejuelas sino en otras causas más humanas. Por decir algo, todavía hoy da cierto asco pasear por alguna de esas estrechas calles en las que la gente orina por las paredes, etc. etc. etc.

    Sea como fuere, criticaba el urbanismo moderno y tecnologías varias (aires acondicionados), cuyas consecuencias acabarán abrasándonos cuando salgamos a la calle.

    Con relación a las paredes anchas, éstas pueden sustituirse por paredes robustas más delgadas pero mucho mejor aisladas, pero no, como lo que prima es el precio, lo importante es que salga barato que luego ya se soluciona con la instalación de acondicionadores de aire (ya se sabe, lo barato sale caro).

    Todavía recuerdo en Constantine (Argelia) haber visto edificios de pisos (8 ó 10 plantas) construidos con piezas de hormigón prefabricado. No quiero saber las temperaturas que deben alcanzar los interiores de esas viviendas, todo el día dándoles el sol.

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