Felicitas
Si hay algo que se reparte, a diestro y siniestro, durante esta época del año, son nuestros mejores deseos de felicidad a propios y extraños.
A tenor de los hechos, uno puede imaginar, o por lo menos caer en la tentación de pensar, que la felicidad es un bien abundante y, que en mayor o menor medida, está a nuestro alcance y al de los que nos rodean.
Pienso, ciertamente, que la felicidad es un estado anímico ¿anímico?, bien no, dejémoslo en mental, que experimentamos cuando estamos bien con nosotros mismos. Como una definición introductoria, ésa bien podría valer, aunque probablemente quede coja.
Es mejor que no pensemos demasiado a la hora de buscarle una definición perfecta, pues nos puede suceder lo mismo que le pasó a Pericles y el “valor”, que al final llegaremos a la conclusión de que realmente desconocemos qué es la felicidad.
Sea como fuere, los humanos llevamos milenios en busca de ese estado mental. Probablemente los mismos que hemos dedicado a la búsqueda del oro y no sé si guardarán relación ambos bienes. Es probable que sí, aunque son de naturaleza distinta: uno es inmaterial y el otro no.
Tampoco la fe de nuestros mayores, nos ha ayudado mucho en la consecución de ese estado, puesto que todo aquello que era bueno, siempre coincidía con que también era pecado. Al final uno llega a la conclusión de que hemos venido a este mar de lágrimas sólo a sufrir. Creo que eso ya lo decía Nietzsche.
Es por ello que cuatro párrafos más arriba he canjeado “anímico” por “mental” que si bien, desde todos los puntos de vista son sinónimos, el primero es el concepto cristiano del segundo. Así pues, me quedo con la versión original.
Por afortunados, en este planeta, tenemos a los budistas tibetanos que creían en un mítico reino, Shambhala, escondido entre los montes de la cordillera del Himalaya. Un paraíso terrenal, un jardín del Edén, un lugar en el que, el mero hecho de estar en él, ya proporcionaba la tan ansiada felicidad.
Pero como tampoco la felicidad puede ser completa, seguro que hasta ahí llegó algún misionero cristiano para convencerles que ese lugar sólo podía alcanzarse a través del alma (mente, como dije). Ellos, los budistas, todavía no se han puesto de acuerdo en el tema.
Mientras unos discutían si alguna vez Jesucristo llegó a sonreír y otros la naturaleza mental o terrenal de Shambhala, hubo quienes decidieron enviar expediciones en busca de esa ciudad.
Fue el caso de la organización nazi Ahnenerbe Forschungs und Lehrgemeinschaft, fundada por Heinrich Himmler, que más tarde se incorporó, la organización, a las SS. No fueron los nazis los únicos, también Stalin se sintió interesado por el lugar y también envió expediciones.
Quiero imaginar que ni unos ni otros encontraron el reino ansiado y, por lo tanto, tampoco la felicidad ni la vida eterna.
Por cierto, hay quien identifica a Shambhala con la Shangri-La descrita en la novela Horizontes perdidos de James Hilton, un lugar en el que el tiempo se había parado para el gozo de sus habitantes.
Buscando conexiones extrañas, confieso desconocer si Paris Hilton guarda parentesco con el autor de la novela, pero ciertamente la cara de Paris pone de manifiesto que ella está continuamente en Shangri-La.

Paradojas del destino. Uno inicia un artículo hablando de la felicidad y acaba haciéndolo de Paris Hilton ¿guardarán relación? Quiero imaginar que no, si bien fue una de las búsquedas, en Google, más realizadas durante el año que acaba de concluir.
Oscar Wilde decía algo así como: “¿Felicidad? No, sobretodo nada de felicidad. El placer sí, siempre hay que elegir lo más trágico.”
Tal vez la felicidad se halle en el placer y Wilde y los demás estuvieran equivocados.
Vale.
Nota: Este artículo está dedicado a Diego Agúndez de Bocaditos en Maltravesía, quien en sus artículos realiza proezas malabares, a medio camino entre la composición poética y el crucigrama.
Publicado por aarnau a las 0:14 del 3 Enero 2006 en Curiosidades, Opinión
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Muchas gracias por la dedicatoria.
Siempre he pensado que los mejores sitios son aquellos donde se aprende algo; y en este se aprende un rato; así que seguiré deambulando por tus artículos. Feliç Any Nou.
No hay nada que agradecer. Después de escribir el artículo pensé que era una buena idea. Mi propio artículo me recordó a los tuyos.
Bon Any.
Hay quien dice que sólo un tonto puede ser feliz. Quiere decir que hay que ser un ignorante de la situación del mundo para ser feliz puesto que es imposible serlo cuando se sabe que miles de millones de personas viven en situación de pobreza, mueren millones de niños por desnutrición, et. etc. Dicho lo cual hay que ser muy egoista para ser feliz ¿no?
Aún así sí se puede alcanzar un grado de realización personal que, como es de prever, no tiene que ver (aunque posiblemente ayuda) con la posesión de bienes materiales. Bonito el caso de Diógenes que cuando el hombre más poderoso del mundo, Alejandro Magno, se ofreció a darle lo que quisiera él sólo le pidió que se apartase para que el sol le siguiese dando en el tonel donde vivía; con eso era “feliz”.
Por otro lado todo el mundo a bajar el video de Paris Hilton haciendo sexo con su novio ¿no? Imagino que es éso lo que buscaban… bueno, tampoco es que sea nada del otro mundo. Un saludo.
Bien, yo dudo que la felicidad guarde relación con la situación del mundo.
Con relación a Paris… lo cierto es que tiene el mismo careto, casi, que la hermana de Jesulín
Mirad lo que decían Bentham y sus utilitaristas (por aproximación): “El hombre busca maximizar el placer y minimizar el dolor”. Así que cuando a Diógenes el Perro un vecino le recriminó el hecho de masturbarse en la plaza pública, el ilustre cínico le respondió: “Ah, ojalá que frotándome el estómago calmara el hambre de la misma forma que me calmo ahora”. Al final, cuenta el placer, que para todos será parecido. Pero no hay ninguna regla sobre cómo obtenerlo, por eso unos acuden al sado y otros a la lectura. La forma de obtener la felicidad, o sea, el ganarnos las habichuelas cardando lana o escribiendo poemas, son la base de la libertad.
quería decir “las formas”… hay 12 líneas? Un saludo.
Doce líneas hay sí. Un nuevo crucigrama
Estoy bastante de acuerdo en vincular orgasmo y felicidad. Dicho de otro modo, alcanzar la felicidad por la vía del orgasmo.
Por desgracia se trata de una felicidad efímera.