Ley contra la violencia de género
Ahora que los homosexuales pueden casarse, acaba de quedar sin sentido el título y el contenido de una ley que nunca debió llamarse como la bautizaron: Ley integral contra la violencia de género.
El espíritu de esa ley era el de proteger a las mujeres contra la violencia que supuestamente los hombres, sus cónyugues, ejercen sobre ellas.
La RAE en su día recomendó un título más razonable y lógico (pues las personas no tenemos género y sí sexo): Ley integral contra la violencia doméstica o por razón de sexo.
Así pues y tal y como se desarrolló la ley mencionada, cuando un homosexual (sea hombre o mujer) vaya a un juzgado a denunciar los malos tratos que recibe de su pareja, esos malos tratos no podrán englobarse dentro de violencia de género y habrá que considerarlos otra cosa.
Nunca he llegado a comprender por qué el estado insiste en cambiar el significado de las palabras ¿es, acaso, otra forma de demostrar su poder sobre los indiviuos que forman la sociedad? Probablemente sí.
Habría que pedirle un poco de coherencia al estado, que rehiciera la ley dentro del ámbito de violencia doméstica sin distinción de sexo sobre quien ejerce los malos tratos y quien los recibe.
Vale.
Publicado por aarnau a las 13:57 del 4 Julio 2005 en Actualidad, Opinión, Política
URL para Trackback: Ley contra la violencia de género
…¿y si cada gobierno decide, finalmente, ir más allá de la violencia doméstica? ¿Qué sucedería si los gobernantes fueran mucho más allá de la atroz violencia física?.
Tal vez caerían en cuenta de que la violencia física no es otra cosa que la culminación catártica de acumulación creciente de violencia que ejerce el sistema sobre cada persona que tiene que afrontar sus vidas vacías y sin sentido.
Lo cierto es que los gobernantes sólo intencionarían en tratar de comprender esta situación, solamente si quisieran transformar la situación de violencia de sus ciudadanos y ciudadanas.
Entonces, convengamos que muchos gobernantes hacen la vista gorda respecto a esto, debido en parte a que ellos en gran medida son los propulsores de la violencia que sutilmente se cuela a través de la cotidianidad de las personas.
Tal vez por ello sea más fácil legislar leyes sobre la situación doméstica, como si las personas vivieran solamente de lo que ocurre dentro de sus casas.